Comida Típica de Gante

Gentse Neuzen
Cenefa Blog

En Gante hay una pista gastronómica que casi nadie mira al llegar: el Groentenmarkt huele a mostaza fuerte antes de oler a waffle. Esa pequeña desproporción dice bastante de la ciudad. Aquí la cocina no se construyó para turistas apurados, sino para comerciantes, obreros, cerveceros y familias que necesitaban platos con carácter, capaces de aguantar inviernos húmedos y mesas largas. Gante come con cerveza, con salsas espesas, con panes de fiesta y con productos que todavía conservan un orgullo muy local.

Estos son ocho platos y productos que de verdad ayudan a entender qué se come en Gante, cuáles tienen más historia de la que parece y dónde vale la pena probarlos sin caer en opciones intercambiables.

1. Gentse Waterzooi

El waterzooi es el gran clásico local: un guiso cremoso hecho hoy casi siempre con pollo, verduras como puerro, zanahoria y apio, papas, y una ligazón final de crema y yema de huevo. El nombre viene de “agua que hierve”, y durante siglos se preparó con pescado de río o de los canales cercanos, antes de que la contaminación y los cambios en el abastecimiento empujaran la versión de ave. Un dato poco citado fuera de Bélgica es que en Gante se considera más una técnica de cocción suave que una receta rígida, por eso la textura del caldo y el corte de las verduras importan tanto como la proteína.

En Du Progres, junto al Korenmarkt, lo sirven como un clásico de brasserie bien hecho y es un buen lugar para pedir la versión tradicional con pollo. También puedes probarlo en Pakhuis, donde suele aparecer en una interpretación más refinada; si lo ves en invierno o en días fríos, ahí es cuando mejor encaja pedirlo con pan para aprovechar la salsa.

2. Stoverij

La stoverij flamenca es un guiso de res cocinado lentamente con cerveza oscura belga, cebolla y, muchas veces, una rebanada de pan con mostaza para espesar la salsa. En Gante no se entiende como un simple estofado, porque la cerveza cambia por completo el perfil del plato y lo conecta con la tradición cervecera de Flandes Oriental. En las cocinas serias de la ciudad el equilibrio importa más que la fuerza: si la cerveza domina demasiado, el plato queda torpe; si falta ese amargor tostado, deja de ser una stoverij que valga la pena recordar.

En De Graslei, frente al agua, suele aparecer como carbonnade o stoverij acompañada de papas fritas, que es como conviene pedirla. Otra dirección confiable es ’t Klokhuys, cerca de Klein Turkije, donde el aire de café antiguo le sienta bien al plato. Si quieres afinar la experiencia, acompáñala con una cerveza local y no con vino: aquí esa combinación no es una sugerencia elegante, es simplemente la lógica del lugar.

3. Gentse Neuzen

Los Gentse Neuzen, también llamados cuberdons, son conos de azúcar de color púrpura con una cubierta firme y un interior gelatinoso, casi líquido, usualmente perfumado con frambuesa. Aunque se venden en toda Bélgica, en Gante tienen una presencia especial y forman parte del paisaje del centro, sobre todo por la conocida rivalidad entre vendedores del Groentenmarkt, que durante años fue un tema bastante más serio para la prensa local de lo que uno imaginaría para un dulce. Lo menos obvio es su fragilidad: el relleno empieza a licuarse con el tiempo, así que los mejores no son los que mejor viajan, sino los que se comen casi de inmediato.

El lugar más claro para probarlos es el Groentenmarkt, donde los puestos de cuberdons siguen siendo parte de la escena cotidiana. Cómpralos en cantidad pequeña y cómelos ese mismo día. No son un souvenir brillante, y esa es parte de su gracia: Gante tiene dulces más fotogénicos, pero pocos tan ligados a una costumbre callejera tan concreta.

4. Tierenteyn-Verlent Mosterd

La mostaza de Tierenteyn-Verlent no es un acompañamiento menor sino uno de los productos más definidos de Gante. Se elabora con una molienda gruesa y una intensidad picante que sube rápido, en una casa histórica fundada en 1790 que todavía funciona en el Groentenmarkt. Lo interesante no es solo la antigüedad, sino el gesto cotidiano que conserva: mucha gente local sigue entrando para comprarla servida a cuchara en tarro, porque recién dispensada tiene una textura más viva, más áspera y bastante menos domesticada que cualquier mostaza industrial.

La dirección indispensable es Tierenteyn-Verlent en Groentenmarkt, donde puedes pedir un frasco para llevar. Si quieres entender por qué importa, pruébala con jamón, paté o queso y no solo como adorno de un plato. En Gante la mostaza no acompaña en silencio: corrige, levanta y a veces hasta manda más que la carne. Ese carácter algo terco le queda perfecto a la ciudad.

5. Filet d’Anvers

El filet d’Anvers es carne vacuna curada y ahumada, cortada muy fina, que en Gante aparece a menudo como parte de tablas, almuerzos fríos o entradas con mostaza local. Aunque su nombre remite a Amberes, en Gante se integró desde hace tiempo al repertorio cotidiano de charcutería de café y brasserie, sobre todo por afinidad con panes oscuros, pepinillos y cerveza. Lo interesante es que no se trata de un embutido sino de una pieza entera curada, más cercana a una cecina delicada que a un salami.

Más que buscarlo en un restaurante de moda, conviene encontrarlo en charcuterías, delicatessen y en el mercado del viernes de Vrijdagmarkt, donde varios puestos venden cortes para armar un almuerzo rápido. Si te lo sirven muy grueso, pierde parte de su elegancia. Pídelo fino, con pan y mostaza, y verás que funciona mejor como bocado preciso que como tabla recargada.

6. Gandaham

El Ganda Ham es el jamón curado más asociado a Gante y toma su nombre de Ganda, la forma celta antigua de la ciudad. Se cura con métodos inspirados en la tradición europea del jamón seco, pero con una identidad de marca muy arraigada en Gante desde el siglo XX. Un detalle que suele pasarse por alto es que su nombre funciona también como declaración urbana: no es solo un producto, es una manera de fijar a Gante dentro del mapa gastronómico belga más allá del waterzooi y la mostaza.

Puedes probarlo en tablas de charcutería en bares de cerveza del centro y en algunas brasseries alrededor de Korenmarkt y Patershol. Si quieres comprarlo para llevar, busca tiendas delicatessen en el centro histórico o puestos especializados en Vrijdagmarkt; pídelo cortado fino, con pan rústico y, si quieres hacerlo a la manera local, acompáñalo con mostaza de Tierenteyn.

7. Mastel

El mastel es una de esas piezas de panadería que explican mejor Gante que muchos platos de carta. Es un panecillo dulce en forma de aro, tradicionalmente escaldado antes del horneado, lo que le da una miga particular y lo emparenta de lejos con otros panes hervidos de Europa, aunque aquí su historia va por carril propio. En Gante se asocia sobre todo a la fiesta de San Martín, el 11 de noviembre, cuando aparece en panaderías y casas como un producto de calendario más que de consumo diario.

El detalle cultural importante es este: no nació para seducir visitantes, sino para sobrevivir en la memoria doméstica. Por eso buscarlo en el centro turístico suele ser menos eficaz que entrar a una buena panadería de barrio en zonas como Sint-Amandsberg o Ledeberg y preguntar directamente por mastellen en temporada. Si estás en noviembre, cómpralo tibio y pruébalo con mantequilla. Si no lo consigues fuera de esas fechas, no lo tomes como una frustración sino como una prueba de autenticidad: en Gante todavía hay cosas que no se adaptaron del todo al consumo permanente.

8. Geraardsbergse Mattentaart

La mattentaart no nació en Gante sino en Geraardsbergen, pero en la ciudad se consigue con facilidad y forma parte del repertorio de pastelería flamenca que realmente se come. Es una tartaleta de hojaldre rellena con “matten”, un producto lácteo cuajado elaborado con leche y suero, aromatizado con almendra amarga o toques cítricos según la receta. Tiene incluso protección europea de origen, y eso importa porque no cualquier pastel de queso flamenco entra en la misma categoría.

En vez de buscarla en cualquier salón de té del centro, vale más la pena mirar panaderías de verdad alrededor de Kouter o en calles comerciales menos turísticas. La diferencia suele estar en el relleno: una buena mattentaart no debe ser pesada ni parecer cheesecake compacto, sino tener una textura aireada y ligeramente granulada. Es un dulce más sutil de lo que parece, y precisamente por eso decepciona cuando está mal hecho.

Una Ciudad Que Se Entiende Mejor Entre Mostaza, Cerveza y Guiso

Si algo distingue a Gante es que su cocina no necesita disfrazarse de capital gourmet para tener personalidad. Lo mejor aquí no siempre es lo más vistoso: puede ser una cucharada de mostaza recién servida, un guiso oscuro con papas fritas o un dulce que se arruina si esperas demasiado para comerlo. Esa combinación de orgullo local, calendario festivo y gusto por lo contundente hace que la ciudad se deje entender mejor comiendo que leyendo placas históricas. Si te sumas al free tour por Gante, úsalo también para preguntar dónde comen los locales en serio, no solo dónde se sientan quienes llegan al centro y se van a las dos horas.