
En Bilbao puedes llenar un día entero sin pagar una sola entrada: el Casco Viejo, la ría, el exterior del Guggenheim, los parques y el mirador de Artxanda son gratuitos, y el único gasto obligatorio acaba siendo el transporte. La ciudad ayuda, porque casi todo lo interesante cabe en unos tres kilómetros a lo largo del Nervión.
Estos son diez planes ordenados como se recorren, del casco medieval a la orilla nueva. Nueve no cuestan nada. El décimo sí, y lo incluyo porque hay una cosa en Bilbao que difícilmente vas a resolver gratis del todo.
1. Camina las Siete Calles del Casco Viejo
El Casco Viejo se llama también las Siete Calles porque ese fue literalmente el tamaño de Bilbao durante siglos: Somera, Artekale, Tendería, Belostikale, Carnicería Vieja, Barrenkale y Barrenkale Barrena. La villa se fundó en 1300 y no pasó de esas siete líneas paralelas hasta bien entrado el siglo XV, cuando empezó a crecer hacia el río.
El remate del paseo es la Plaza Nueva, un cuadrilátero neoclásico porticado que se terminó en 1851 tras tres décadas de obras. Los domingos por la mañana se llena de puestos de libros viejos, sellos y monedas, así que ese día conviene ir temprano si quieres ver los soportales sin gente delante.
2. Recorre el Mercado de la Ribera
El edificio actual es de 1929 y lo firmó el arquitecto municipal Pedro Ispizua, que lo resolvió como un barco varado sobre la ría, con vidrieras, escaleras curvas y volúmenes art déco. Entrar no cuesta nada y recorrer las tres plantas tampoco.
La planta baja funciona como zona de bares y suele estar animada al mediodía, mientras que la de pescado y carnes conserva el ritmo del mercado de siempre y cierra bastante antes. Si vas solo a mirar, la mañana entre semana es el momento en que el sitio todavía trabaja de verdad.
3. Sigue la Ría entre el Zubizuri y las Torres Isozaki
El paseo por la orilla concentra buena parte de la arquitectura que cambió la ciudad en treinta años. El Zubizuri, de Santiago Calatrava, se inauguró en 1997 con un tablero de pavés de vidrio que resultó resbaladizo con lluvia y terminó cubierto; su nombre significa puente blanco en euskera.
Enfrente están las torres Isozaki Atea, dos bloques gemelos de Arata Isozaki terminados en 2008 que conectan el Ensanche con el río mediante una escalinata pública. Un poco más allá, el puente de La Salve lleva desde 2007 los arcos rojos de Daniel Buren, colocados por el décimo aniversario del Guggenheim. Tres obras, tres décadas distintas, todo desde la acera.
4. Rodea el Guggenheim por Fuera
La entrada al museo se paga, pero todo lo que rodea al edificio de Frank Gehry, abierto en octubre de 1997, es de acceso libre. En la explanada de acceso está Puppy, el perro floral de Jeff Koons, que se replanta dos veces al año y cambia de color según la temporada.
Del lado de la ría está Maman, la araña de más de nueve metros de Louise Bourgeois, con su saco de huevos de mármol visible desde abajo. En el estanque, la escultura de niebla de Fujiko Nakaya se activa a intervalos y envuelve el titanio durante unos minutos. Vale la pena esperar a que ocurra, porque el edificio cambia por completo mientras dura.
5. Haz el Free Tour por Bilbao
Los free tours de Bilbao suelen salir del Casco Viejo y bajar hacia el Ensanche y la ría, que es justo el eje que explica cómo la villa medieval acabó convertida en ciudad industrial y luego en escaparate de arquitectura. Un guía resuelve en dos horas lo que de otro modo tendrías que reconstruir a base de placas y carteles.
Funciona sin precio fijo: reservas la plaza, te presentas y al terminar aportas lo que consideres. Conviene hacerlo el primer día, porque el recorrido te deja ubicado el resto de la lista. Aquí tienes los detalles y los horarios del free tour por Bilbao.
6. Sube a Artxanda a Pie
El funicular de Artxanda funciona desde 1915 y cobra billete, pero la carretera y los senderos que suben al monte son públicos y gratuitos. La cuesta es continua y buena parte del trayecto queda sin sombra, así que en verano conviene hacerla temprano o al final de la tarde.
Arriba se entiende la ciudad de golpe: la ría dibujando su meandro, el Casco Viejo apretado en la orilla derecha y Abandoibarra con el Guggenheim y las torres al otro lado. Es el único punto desde el que se ven a la vez las dos Bilbao de las que habla todo el mundo.
7. Pasa la Tarde en el Parque de Doña Casilda
El parque se abrió en 1907 y lleva el nombre de Casilda Iturrizar, viuda de un banquero bilbaíno que donó los terrenos a la ciudad. Tiene trazado de jardín inglés, un estanque con patos y una pérgola que sigue siendo el punto de encuentro del barrio los fines de semana.
En uno de sus bordes está el Museo de Bellas Artes, que suele mantener una franja de entrada gratuita al final de la tarde. Conviene comprobar el horario vigente antes de ir, porque cambia según la temporada y las exposiciones temporales pueden quedar fuera de esa franja.
8. Entra al Atrio de Azkuna Zentroa
El edificio nació en 1909 como Alhóndiga municipal, un almacén de vinos proyectado por Ricardo Bastida, y estuvo abandonado durante años hasta que Philippe Starck lo reconvirtió en centro cultural, abierto en 2010.
El atrio es de acceso libre y su detalle está en el suelo: 43 columnas que sostienen el conjunto, ninguna igual a otra, cada una con un estilo distinto tomado de una época o una cultura diferente. Encima hay una piscina de fondo transparente que se ve desde abajo, aunque bañarse sí requiere entrada.
9. Sube a la Basílica de Begoña por las Escaleras de Mallona
La basílica de Begoña guarda a la Amatxu, patrona de Bizkaia, y es el sitio al que el Athletic Club lleva sus títulos por tradición. El templo es gótico de comienzos del siglo XVI, con una torre barroca añadida mucho después, y la entrada es gratuita fuera de los horarios de culto.
Hay un ascensor de pago que sube desde el Casco Viejo, pero también están las escaleras de Mallona, que arrancan junto al Museo Arqueológico y suben en tramos por lo que antes fue el cementerio de la villa. Es la ruta gratuita y, de paso, la que deja mejores vistas del casco a medida que subes.
10. Resuelve los Pintxos con un Tour Guiado
Esto es lo que no sale gratis. Puedes entrar a cualquier bar de la calle Ledesma o de la Plaza Nueva y pedir por tu cuenta, pero en Bilbao el pintxo no se pide señalando la barra sin más: cada bar tiene su especialidad, algunos se preparan al momento y no están a la vista, y el zurito existe precisamente para poder acompañar varios sin acabar la ruta en el tercero.
Si prefieres que te lo ordenen, el tour de pinchos por Bilbao dura tres horas, entra en cinco bares y cubre hasta ocho pintxos con cinco bebidas, saliendo de la calle Gran Vía 25, frente al Palacio de la Diputación Foral de Bizkaia, y regresando al mismo punto. Un aviso: el guía habla español, pero la salida puede terminar siendo bilingüe si el grupo es mixto, algo que el propio operador reconoce.
Tres Kilómetros de Ría y Nada Más
Los tres kilómetros del principio se caminan en una mañana larga, y ese es el argumento real de Bilbao frente a ciudades más grandes: no hace falta elegir entre el casco medieval y la arquitectura nueva, porque están a quince minutos uno de la otra.
Si acabas usando el metro, fíjate en las bocas de acceso curvadas de vidrio que diseñó Norman Foster y que en la ciudad se conocen como fosteritos. Nadie las pone en una lista de sitios que ver, y son la prueba de que aquí hasta la infraestructura pasó por el arquitecto.

